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Hay madera para todos

Hay madera para todos

Hay madera para todos, también lo dicen los datos que maneja la Junta de Castilla y León. La Comunidad castellano y leonesa será referente en 2020 en producción  de biomasa, con 2,3 millones de toneladas en el mercado a término de ese escenario. La tasa de extracción en los montes se sitúa en torno al 25 por ciento mientras que la media europea es del 60 por ciento, lo que supone un gran lastre para el sector de quienes nos dedicamos a la transformación del los desechos que nos dejan nuestros montes, y que luego aprovechamos para generar energía térmica. El Gobierno Regional reconoce que en la gran mayoría de las hectáreas que gestiona, esta tasa de extracción llega al 50 por ciento, pero aún lejos de nuestros vecinos europeos. El 51 por ciento de la superficie de la región es masa forestal, en cifras absolutas 4,8 millones de hectáreas, de las que se sacan 225 millones de toneladas de biomasa, que permiten la inversión de más de 300 millones de euros en la sección empresarial vinculada a la biomasa.

Hay madera para todos, tanto es así que España supera a Suecia en consumo con 300.000 toneladas del pellet de mayor calidad. Aún así, hay quien asocia la biomasa a la contaminación o a la pobreza, por lo que es necesario relacionarla con el empleo tecnológico y con la sostenibilidad como hacen en estos países nórdicos, donde la madera ha superado al petróleo como recurso energético; o como en Dinamarca, el país de los District Heating por excelencia.

Es trascendental comprender el estado y el funcionamiento de nuestras masas forestales. Todas son fruto, en mayor o menor manera, de la ingerencia del hombre durante milenios, con lo que la no intervención supone ponerlas en claro riesgo de desaparición; los montes de frondosas se han utilizado principalmente para leñas durante milenios, por lo que nos vemos obligados a continuar con la tradición para evitar el envejecimiento de los montes, regular el crecimiento y sortear los problemas fitosanitarios. Un buen diseño de su aprovechamiento, puede llegar a medias de entre 4 y 7 toneladas por hectárea para usos biomásicos.

No sólo supone un lastre para el sector la baja tasa de cortas en proporción al crecimiento de los bosques, también lo es la ausencia de un marco legislativo, un Plan Energético eficiente que de verdad apoye el desarrollo de las energías renovables, que no dé bandazos, y que sepa regular estrictamente las inspecciones técnicas de las plantas de energía. Es evidente que el sector más perjudicado es el dedicado a la cogeneración, lógicamente exigen un Plan que  aporte a los proyectos la garantía suficiente y la rentabilidad a 15 años vista de amortización de las centrales.

Mientras se obvia las reivindicaciones de las empresas relacionadas con el ámbito forestal, las administraciones regionales se plantean nuevos modelos de explotación de los recursos, basados en equipos técnicos más reducidos cuyos costes se vean financiados con los beneficios de la corta. En buena dirección se trabaja en asentar una oferta diversificada con contratos plurianuales y de multipropietarios flexibilizando de esta forma las subastas de maderas; y una revisión de pliegos de condiciones en la compra-venta de lotes de madera que sean homogéneos en todos los ayuntamientos de cada una de las provincias de la Comunidad. Igualmente plausible es la inminente puesta en macha del portal de subastas de madera de Castilla y León, que pondrá en contacto a ofertantes y demandantes de manera novedosa en el territorio; o la organización de Ferias de la Madera en vistas a que este tipo de iniciativas favorezcan a la industria maderera y al turismo rural, buscando un triple efecto social, económico y ambiental, a la vez que sirva de herramienta informativa que la desconfianza derivada del desconocimiento.

Es precisamente el desconocimiento lo que conduce a la comunidad vecinal a pensar que “la biomasa se terminará acabando si todos la consumimos”: la biomasa crece año a año en los bosques, de los 46 millones de metros cúbicos que crecen anualmente en las masas forestales españolas, el sector sólo aprovecha en torno a 17 millones, es decir, el 38 por ciento. De esta manera, dos tercios del crecimiento del volumen de biomasa se quedan en el monte. Hay madera para todos.